Huelga general de hostelería amenaza la Semana Santa en Lanzarote
Pejeverde
Lanzarote se asoma peligrosamente al abismo de una huelga general del sector de la hostelería convocada en toda Canarias para los días 17 y 18 de abril, en plena Semana Santa. La convocatoria, liderada por la Mesa Sindical de Hostelería de Canarias tras el fracaso de dos rondas de negociación salarial con la patronal, coloca a la isla en una posición delicada frente al escaparate internacional que supone el periodo vacacional.
El conflicto gira en torno a la demanda sindical de aumentos salariales que, según afirman, buscan recuperar poder adquisitivo perdido. Sin embargo, más allá de las razones internas, el impacto potencial de esta huelga sobre la imagen turística de Lanzarote es motivo de seria preocupación. En un momento en que la isla lucha por diferenciarse en un mercado global altamente competitivo, una huelga en hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos puede traducirse en cancelaciones, insatisfacción de los visitantes y pérdida de reputación.
El comunicado sindical, cargado de retórica combativa, llega acompañado de una amenaza real de colapso de la operativa turística. Las denuncias de explotación, contratos precarios y malas condiciones laborales podrían acabar trasladándose a la experiencia del turista, que nada tiene que ver con las disputas entre trabajadores y empresarios.
Más aún, esta huelga pone en tela de juicio la estabilidad del principal motor económico de la isla, que depende de un funcionamiento milimétrico durante los picos de afluencia. Interrumpir ese engranaje por una confrontación laboral no solo perjudica a las empresas, sino a toda la economía insular, incluyendo al pequeño comercio, al transporte y a los autónomos que viven del turismo.
El comunicado de los sindicatos acusa a la patronal de insensibilidad y criminalización, y exige incluso cambios legislativos como una Ley de Ordenación Turística que limite la ocupación y regule las condiciones laborales con medidas específicas. Sin embargo, al mezclar la negociación salarial con demandas estructurales complejas, el conflicto podría enquistarse y alejar una solución inmediata, precisamente cuando más urge contener el daño a la imagen del destino.
El Ejecutivo canario, hasta el momento, no ha intervenido con la contundencia esperada. Su papel de mero mediador podría resultar insuficiente si no actúa para evitar que la huelga empañe una de las temporadas clave del turismo canario, especialmente en islas como Lanzarote, donde la economía depende directamente de la actividad hotelera y de restauración.
El turismo vive de percepciones. Y una huelga en Semana Santa puede dejar una marca difícil de borrar en la memoria del visitante internacional, que busca tranquilidad, buen servicio y certezas. Lanzarote no puede permitirse una protesta que acabe siendo percibida como descontrol o inestabilidad.
A dos semanas del paro, el tiempo corre. Y con él, la cuenta atrás para que el conflicto laboral no se convierta en un problema reputacional de primer orden para la isla.