¿Mozaga como frontera? La propuesta ecologista que dejaría La Geria solo para residentes
Pejeverde
La Geria ya no será lo que era. Si prosperan las alegaciones presentadas por Ecologistas en Acción Lanzarote al Plan Especial del Paisaje Protegido, habrá que replantearse no solo la movilidad, sino también la definición de “acceso público”. Y es que entre las medidas propuestas, una destaca por su audacia —o temeridad, según a quién se le pregunte—: convertir las principales vías que atraviesan La Geria en carreteras de uso exclusivo para residentes y agricultores.
Concretamente, proponen que tanto la LZ-30, entre Mozaga y Uga, como la LZ-56, que conecta Volcán El Cuervo con Mancha Blanca, sean “solo de paso” para quienes viven o trabajan en la zona. El resto —léase turistas, visitantes, y cualquier curioso con cámara en mano— debería dejar el coche fuera y continuar la ruta en transporte público o en guaguas lanzaderas.
La pregunta es inmediata: ¿fuera… dónde exactamente? Porque si se veta el paso a todo lo que no tenga padrón o finca, habrá que habilitar aparcamientos antes de esas fronteras invisibles. ¿En Mozaga? ¿En Mácher? ¿En el cruce de La Vegueta? ¿O en un nuevo macroaparcamiento en medio del malpaís?
Más allá del romanticismo del “paisaje diáfano y ordenado”, como lo definen los ecologistas, la realidad es que este tipo de medidas plantean un modelo restrictivo, donde el acceso al entorno natural no se reduce al sentido común o la educación ambiental, sino a una suerte de pasaporte rural.
¿Se trata de conservar o de cerrar? ¿Es esta una protección o una expulsión disfrazada?
¿Y quién gestionará esas guaguas lanzaderas? ¿Qué horarios, qué frecuencia, qué coste? Porque una cosa es la idea, y otra muy distinta, el organigrama.
Mientras tanto, los que ya miran con recelo la transformación de La Geria en plató turístico, ahora tendrán que asimilar que también podría ser un recinto vallado, aunque sea simbólicamente.
La Geria, esa postal de picón y vino, corre el riesgo de convertirse en un espacio reservado para unos pocos. Todo sea —dicen— por el orden, el paisaje y la pureza visual.