martes, 31 marzo 2026

Las ZAR, Lanzarote y el arte de pelearse por todo sin resolver nada

Amanecer sobre el Puerto de Arrecife visto desde el Parque Islas Canarias. Esta isla tiene sol todos los días del año — y aun así sigue dependiendo del petróleo que llega en barco. Foto: Elpejeverde.com

Por Redacción Elpejeverde.com

Hay algo que los lanzaroteños llevamos haciendo desde hace décadas con una eficiencia pasmosa: dividir cualquier debate en dos trincheras, lanzarnos los unos contra los otros con una convicción que pocas veces se sustenta en haber leído el documento en cuestión, y al final no resolver nada. Lo hemos hecho con el turismo, con la construcción, con el agua, con el aeropuerto, con las antenas de telefonía y con tantas otras cosas que ya hemos perdido la cuenta. Y ahora lo estamos haciendo, una vez más, con las Zonas de Aceleración de Renovables.

El debate sobre las ZAR en Lanzarote lleva meses generando más calor humano que solar. Y eso, viniendo de una isla que tiene más sol por metro cuadrado que la mayoría de territorios del planeta, no es precisamente un logro.

 

 

Arrecife . Foto: Elpejeverde.com

Seamos honestos. El problema no son las renovables. Nadie en su sano juicio defiende hoy que Lanzarote siga siendo un territorio dependiente al cien por cien de los combustibles fósiles que llegan en barco desde el continente. Esa dependencia energética es una vulnerabilidad real, económica y estratégica, que pagamos todos cada mes en la factura de la luz y que lastra la competitividad de cualquier empresa, pequeña o grande, que quiera trabajar en esta isla. En eso, curiosamente, hay consenso. Todo el mundo quiere energía limpia, barata y propia. Todo el mundo.

El problema tampoco es la tecnología. Las placas solares y los aerogeneradores son herramientas. No son el enemigo ni son la solución mágica. Son instrumentos que, bien o mal ubicados, bien o mal gestionados, producen resultados radicalmente distintos. El diablo, como siempre, está en los detalles. Y los detalles, en este caso, se llaman deslinde, impacto territorial, paisaje, barrancos protegidos, Reserva de la Biosfera y, sobre todo, a quién beneficia realmente el negocio.

El sol sobre la playa, el territorio y el mar. Lanzarote tiene todo lo que necesita para ser un referente mundial en transición energética — excepto un acuerdo. Foto: Elpejeverde.com

Y ahí es donde la conversación se enreda. Porque hay una diferencia muy grande — enorme — entre apostar por la transición energética de Lanzarote y firmarle un cheque en blanco a un oligopolio energético que no tiene ningún interés particular en que la isla sea autosuficiente, sino en que las instalaciones sean lo más grandes, lo más rentables y lo más rápidas de construir posible. Esa diferencia es la que el Cabildo, el Gobierno de Canarias y buena parte del debate público lleva meses intentando difuminar con lo que algunos han llamado, con bastante precisión, una arquitectura discursiva: decir una cosa en los manifiestos y hacer otra en los boletines oficiales.

Porque el BOC del 20 de agosto de 2025 está ahí. El decreto ley del 26 de enero de 2026 fue convalidado en el Parlamento y sigue su tramitación por vía de urgencia. Eso no es una opinión ni una interpretación partidista. Es un hecho. Y los hechos, por incómodos que sean, no desaparecen porque un consejero cambie el portavoz o porque se publique un comunicado tranquilizador.

Pero tampoco es honesto quedarse solo en el no. Porque Lanzarote tiene una larga y documentada historia de parálisis cuando el miedo al cambio se disfraza de defensa del territorio. Hemos rechazado cosas que eran malas y también cosas que eran buenas, muchas veces sin distinguir entre unas y otras, muchas veces simplemente porque las proponía alguien que no nos caía bien o porque el partido del alcalde de turno era el contrario al nuestro.

 

Una torre eléctrica al atardecer. El tendido que lleva la energía — importada, cara y dependiente del exterior — a cada rincón de la isla. Foto: Elpejeverde.com

Si Lanzarote se paraliza y no desarrolla ningún modelo de transición energética propio, alguien lo hará por ella. Y ese alguien no va a ser precisamente el vecino del pueblo que quiere instalar paneles en el tejado de su casa. Va a ser la empresa que lleva años esperando pacientemente a que la isla agote su capacidad de resistencia para entrar con los planos ya dibujados y los permisos ya tramitados.

La pregunta real no es renovables sí o renovables no. La pregunta real es quién decide dónde, cómo, cuánto y para beneficio de quién. Y esa pregunta lleva meses sin recibir una respuesta clara, honesta y documentada ni desde el Cabildo ni desde el Gobierno de Canarias ni desde los grupos que se oponen. Todos tienen razones. Ninguno tiene el mapa completo. Y mientras tanto, el BOC sigue publicando decretos que nadie ha derogado.

Lanzarote tiene todo lo que necesita para ser un referente mundial en transición energética: sol, viento, territorio, reconocimiento internacional y una ciudadanía que cuando se lo propone de verdad es capaz de hacer cosas extraordinarias. Lo demostró con César Manrique. Lo demostró con la Reserva de la Biosfera. Lo puede demostrar de nuevo.

Pero para eso hace falta algo que escasea peligrosamente en este debate: gente dispuesta a leer los documentos antes de opinar, a distinguir entre el modelo que queremos y el modelo que nos están imponiendo, y a exigir a sus representantes algo más que palabras tranquilizadoras y manifiestos que se contradicen al día siguiente.

Porque al final de todo esto, más allá de los titulares, los plenos y las notas de prensa, queda una pregunta que cada lanzaroteño debería hacerse en voz alta:

¿De verdad queremos resolver esto, o simplemente nos interesa seguir peleando?

Bingo sites http://gbetting.co.uk/bingo with sign up bonuses