viernes, 24 septiembre 2021

El Mirador de Haría, un ejemplo a seguir. OPINIÓN

 

Hay proyectos que apasionan cuando se están ejecutando y que ciertamente emocionan cuando

finalizan. Es lo que he sentido al ver culminadas las obras del Mirador de Haría que hemos
ejecutado desde el Área de Obras Públicas del Cabildo de Lanzarote dentro del Plan de
Cooperación Municipal.
Tras décadas de abandono, lo que heredamos como una obra gafada por la sucesiva renuncia de
varias empresas adjudicarías ha terminado de la mejor de las maneras y de la mano de otro
conejero, tanto en su nuevo diseño como en su ejecución.
Es gratificante ver como el espacio diseñado por Cesar Manrique hace medio siglo vuelve a renacer
con esplendor, con su misma esencia pero incorporando elementos vanguardistas que respetan y
ponen en valor el inigualable entorno natural en el que se encuentra. Sin duda puede ser un
referente para actuaciones futuras.
Ahora sí podemos decir que Lanzarote cuenta con un atractivo más que ofrecer a sus visitantes. Y
en Haría, un municipio que huyó del modelo de crecimiento turístico de grandes hoteles y grandes
complejos de apartamentos para apostar por un modelo de turismo rural compatible con el medio
ambiente, con su paisaje agrario y su riqueza patrimonial y cultural. Un enclave único que
vislumbró Manrique cuando afrontó el mirador de Malpaso y que los vecinos del municipio se han
propuesto mantener y divulgar a través de este remodelado centro de interpretación.
Cuando se quiere, se puede, y no siempre son necesarias inversiones millonarias. Lo estamos
comprobando con esta obra o con los proyectos de restauración de La Molina y el Molino de
Teguise, como ejemplos más recientes.
Como cargos públicos tenemos la obligación de mantener vivo nuestro acervo cultural y nuestro
patrimonio, con mayúsculas. Es el legado que recibimos y de nosotros depende impulsar y
consensuar proyectos que permitan su recuperación y conservación. Solo así podrá pervivir en el
tiempo nuestra riqueza artística, arquitectónica y arqueológica, y solo así también podremos
hacernos más atractivos de lo que ya somos a nivel turístico. Otra de las grandes asignaturas
pendientes.
Lanzarote y La Graciosa serían más si recuperáramos su patrimonio, las alcogidas de agua, las
terrazas, los molinos, las salinas, los yacimientos... Recuperar estos espacios significaría un acto de
respeto a nuestra identidad y al lugar donde vivimos. No debería ser difícil conjugar la protección
del medioambiente con la rehabilitación porque rehabilitar no es arremeter contra el medioambiente
o el patrimonio, sino todo lo contrario; es impulsar e invertir en cultura porque un pueblo sin cultura
es un pueblo empobrecido. Bien es cierto que para ello hace falta contar con las herramientas de
ordenación adecuadas, la financiación pública precisa y el interés privado necesario. Es posible y
hay buenos ejemplos de ello sin ni siquiera salir de las islas.
Hagamos que el Mirador de Haría o La Molina de Teguise sean sólo el principio en el camino de la
recuperación de nuestro patrimonio.
Jacobo Medina, vicepresidente y consejero de Obras Públicas, Planificación y Proyectos del Cabildo de
Lanzarote.
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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