jueves, 18 abril 2024

La burbuja del vino de Lanzarote: Un lujo ¿justificado?

Foto. Hoy aeropuerto de Lanzarote. Elpejeverde.com

S. Calleja

Antes que nada, me gustaría empezar aclarando que no soy un experto en el mercado del vino ni en su producción. Soy simplemente un ciudadano de Lanzarote, un amante ocasional del buen vino y un consumidor que, como muchos, se ha sentido sorprendido —y no precisamente de manera positiva— por el aumento de los precios de las botellas de vino de la isla, en las propias bodegas, en los supermercados y en el aeropuerto, con una AENA que nos hace muchísimo daño promocionándonos tan mal con esos precios prohibitivos.

Entiendo que elaborar vino en Lanzarote no es una tarea fácil. La uva es escasa, las condiciones son difíciles y el proceso de vendimia es casi artesanal. Todo eso, sin duda, añade un valor especial a los vinos de nuestra tierra. Sin embargo, la escalada de los precios hace que muchos nos replanteemos si el vino local realmente vale lo que cuesta.

Es cierto que tenemos buen vino en Lanzarote. Pero también es cierto que, con todo respeto, no tenemos el mejor vino blanco del mundo. Hay más bodegas que nunca, pero en lugar de democratizar el precio, parece que estamos asistiendo a una inflación vinícola que dista mucho de reflejar la calidad real del producto.

En este escenario, es fácil que el consumidor opte por otras opciones. Personalmente, si por el precio de una botella de vino de Lanzarote puedo comprar un vino de otra región o país con mejor reputación y más galardones, me inclino por la segunda opción. Y eso no es algo que diga con alegría, sino con una cierta melancolía por no poder apoyar al producto local como quisiera.

Se han esgrimido diferentes razones para justificar estos precios, desde la guerra en Ucrania hasta la pandemia de COVID-19 y otras muchas. Pero, al final del día, ¿cómo se justifica que una botella de vino insular que ni siquiera llega al litro cueste €40? Por mucho que uno quiera apoyar a las bodegas locales, hay un límite a lo que el bolsillo —y la lógica— pueden aguantar.

El peligro que corremos es crear una especie de burbuja en torno al vino de Lanzarote que podría acabar perjudicándonos a todos: a las bodegas, por la pérdida de clientes leales, y a los consumidores, por no poder acceder a un producto que debería ser patrimonio de la comunidad.

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero personalmente me preocupa que el vino de Lanzarote acabe convirtiéndose en una especie de "estrella fugaz", brillante pero efímera, que brilla intensamente por un corto período antes de apagarse en la oscuridad del olvido. Y eso es algo que ni las bodegas ni los consumidores ni la isla misma podemos permitirnos.

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