sábado, 05 abril 2025

Marci Acuña carga contra el anterior gobierno y anuncia el inicio de obras este verano

Pejeverde

En medio del ruido partidista y el cruce de acusaciones, lo único cierto y tangible hasta hace poco en el proyecto de la Residencia de Mayores de Tahíche era una solitaria primera piedra colocada en mayo de 2021. Una piedra que, como tantas otras promesas institucionales, se convirtió en símbolo de la parálisis administrativa que caracterizó la última legislatura del Cabildo de Lanzarote. Ahora, con nueva dirección política y con un discurso que mezcla reivindicación con reproche, el actual equipo de gobierno asegura haber tomado el timón del proyecto y promete que la obra comenzará este mismo verano.

El consejero de Bienestar Social, Marci Acuña, no ha escatimado en críticas hacia sus antecesores. En sus declaraciones, mezcla la indignación con la satisfacción por haber evitado —dice— que el proyecto se fuera a pique del todo. "Tuvieron cuatro años el proyecto adjudicado, pusieron la piedra y se fueron sin resolver ni siquiera el contrato", ha dicho. Asegura que han tenido que "empezar de cero" y que sólo gracias a una intervención "en tiempo récord" se ha logrado reactivar el procedimiento para adjudicar de nuevo la obra.

Detrás de las declaraciones, sin embargo, hay una realidad más tozuda: Lanzarote sigue sin una residencia pública de grandes dimensiones para sus mayores dependientes, mientras la demanda se multiplica y los recursos actuales no dan abasto. La residencia de Tahíche no es sólo una necesidad; es una deuda que la isla arrastra desde hace años, víctima de la lentitud administrativa, los rifirrafes políticos y la falta de visión a largo plazo.

Desde el Cabildo se insiste en que el nuevo impulso al proyecto no es aislado, sino parte de una estrategia más amplia de mejora de las infraestructuras sociosanitarias. Marci Acuña recuerda también los Conciertos Sociales firmados con el Tercer Sector como ejemplo de que el nuevo gobierno está “poniendo orden donde sólo había enfrentamiento”.

El futuro edificio contará con 180 plazas para personas en situación de alta dependencia, y se espera que su construcción genere empleo tanto en la obra como en su posterior funcionamiento. En un territorio que lidia con los efectos del envejecimiento demográfico y la falta de recursos asistenciales, el impacto será más que necesario. Pero la ciudadanía —curada de espanto— no termina de celebrar hasta ver máquinas trabajando, operarios moviendo tierra y hormigón subiendo plantas.

A la espera de que las obras comiencen, lo único que ha estado en pie todo este tiempo es esa simbólica piedra, testigo de las promesas rotas y, tal vez, del inicio de una reparación histórica.

 

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