sábado, 24 julio 2021

MAYORES, DEPENDENCIA Y SOLEDAD. Daisy Villalba es Trabajadora Social y miembro de Nueva Canarias.

 

En Lanzarote, el 12 por ciento de la población es mayor de 65 años. Nos encontramos,

así, con un gran reto para abordar los problemas que padecen este tipo de población en
cuestiones como la dependencia y, sobre todo, en la soledad no deseada en la que viven.
Durante la pandemia de la Covid-19 el sistema sanitario se ha volcado en la protección
a nuestros mayores y a nuestras residencias pero, ¿y ahora qué?. Existe una extrema
soledad no cubierta, con escases de recursos y, sobre todo, una extrema desinformación
y lentitud en el reconocimiento de la dependencia que a día de hoy se resuelve alrededor
de los dos años y medio.
Como trabajadora social atiendo familiares frustrados, decepcionados con el sistema,
con sentimientos de abandono por parte de la administración. La pregunta que me hago
todos los días es ¿dónde están los recursos prometidos? Recursos tanto económicos
como humanos; todos aquellos que van dirigidos a promover el bienestar de nuestros
mayores. Y entiéndaseme bien que no me refiero a las macroresidencias, porque éstas
deben ser la última opción. El bienestar de los mayores pasa por permanecer en su
domicilio el mayor tiempo posible, en su hogar con los recursos y servicios necesarios
para ello.
Entonces, pues, ¿qué debemos contestarle a una familia que no sabe cómo está el
expediente de la dependencia de su familiar solicitado hace más de un año? ¿Por qué al
ser una isla menor no tenemos opción de poder solicitar información presencial sino a
través del 012? ¿Y qué debemos decirle a una persona mayor que solicita
acompañamiento para acudir a hacer gimnasia porque tiene miedo de perderse por el
camino? ¿Y que hacemos con una persona que se autolesiona debido a la soledad que
vive cada día sólo para acudir al servicio de urgencias y poder así estar acompañada?
Esta realidad la encuentro día a día. Me causa impotencia como profesional no poder
dar respuesta; rabia al no encontrar en mi isla los recursos necesarios para el bienestar
de aquella generación que superó guerras, hambre y pandemias; y frustración de que el
sistema no ampare ni cubra estas situaciones.
Porque no sólo son necesarios servicios que cubran necesidades básicas. Se necesita
calor humano, acompañamiento, asistencia personal y pisos tutelados. Porque su
bienestar está ligado a su hogar, a su entorno vital donde siempre han permanecido o
donde han elegido quedarse hasta el final.
Los recursos deben cambiar y adaptarse a las realidades de las sociedades, para eso se
formaron los Servicios Sociales Comunitarios que a día de hoy parece que se han
quedado en servicios sociales asistenciales, olvidándonos del concepto de comunidad.
Canarias, Lanzarote Y La Graciosa, debe abrir un Nuevo Ciclo que avance en los
servicios públicos con políticas para el pueblo. Cambiar todo aquello que no funciona e
innovar en servicios que den respuesta a las necesidades. En definitiva, invertir en el
bienestar de sus ciudadanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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