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ÚLTIMA HORA | Presidencia del Cabildo activa el PEIN por riesgo severo de viento y fenómenos costeros

Imagen de Arrecife desde San Bartolomé a las 12.00H( El jable desfigura la foto de la capital)

Pejeverde

Una nube de jable lo ha devorado todo. Desde la loma de San Bartolomé, donde aún el horizonte suele trazar la silueta de Arrecife, hoy no se divisa más que un velo terroso en movimiento. El viento, como salido de un antiguo cuento de arenas, ha levantado el polvo y lo ha arrojado sin piedad sobre la ciudad, borrándola del mapa a plena luz del día.

La imagen es elocuente. La capital de Lanzarote aparece fantasmagórica, difusa, engullida por un mar de partículas que se arremolinan en el aire con cada nueva ráfaga. No es niebla, ni bruma. Es el jable —esa arena fina y blanca que normalmente embellece las playas de la isla— convertido hoy en amenaza aérea.

Alerta máxima por viento y oleaje

A las 12:00 horas, la Dirección General de Emergencias del Gobierno de Canarias activó la alerta máxima por vientos, con rachas que superan los 100 km/h en diversos puntos de Lanzarote. Simultáneamente, se declaró también alerta costera, con fuerza 7 y 8 en altamar, mar de fondo de hasta 5 metros en costas del norte y oeste de Lanzarote y La Graciosa.

A raíz de esta situación, la Presidencia del Cabildo ha activado el Plan de Emergencias Insular (PEIN). Desde las 12:30 hasta las 20:00 horas del día de hoy, se ha ordenado la suspensión de todas las actividades al aire libre en los siete municipios de la isla, además de La Graciosa.

Una ciudad en pausa y una isla en tensión

Las recomendaciones a la población son claras: cerrar ventanas, asegurar objetos, evitar desplazamientos innecesarios y mantenerse lejos de zonas costeras, jardines y estructuras endebles. Las autoridades municipales deben vigilar puntos de riesgo, activar sus protocolos y estar coordinados con el CECOES 1-1-2.

Hoy, Lanzarote es otra. Una isla donde el viento manda, la arena flota y los edificios desaparecen del paisaje. Donde el desierto se hace cielo y el mar no está para juegos. Una isla suspendida entre el polvo y el susto.

Una nube de jable lo ha devorado todo. Desde la loma de San Bartolomé, donde aún el horizonte suele trazar la silueta de Arrecife, hoy no se divisa más que un velo terroso en movimiento. El viento, como salido de un antiguo cuento de arenas, ha levantado el polvo y lo ha arrojado sin piedad sobre la ciudad, borrándola del mapa a plena luz del día.

La imagen es elocuente. La capital de Lanzarote aparece fantasmagórica, difusa, engullida por un mar de partículas que se arremolinan en el aire con cada nueva ráfaga. No es niebla, ni bruma. Es el jable —esa arena fina y blanca que normalmente embellece las playas de la isla— convertido hoy en amenaza aérea.

 

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