Tras decepcionar en Río 2016, el dominicano de nacimiento sube al podio en Tokio 2020 tras operarse del tendón de Aquiles

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Nacido en República Dominicana el 23 de mayo de 1993, su historia con la gimnasia escapa a la lógica habitual. Tras llegar a España con su madre en 2002, instalados en Lanzarote, no fue hasta los 11 años cuando se fijó por primera vez en la gimnasia, después de ver a su amiga de su hermana entrenar
«Llevaba muchísimo tiempo intentando entrar, pero me decían que no por la edad. Tenía 17 años. Era muy mayor. Iba un par de años tarde y mi base era muy, muy escasa”, admitió el atleta en una entrevista. Y ahí apareció el ojo de Deferr: le dio igual la edad, él vio talento. Junto a Víctor Cano, otro atleta olímpico, Deferr viajó a Lanzarote para convencer al entorno de Zapata de que se instalara en el CAR de San Cugat.
«He conseguido grandes resultados gracias a que él me apoyó», indica Zapata sobre la ayuda que recibió de Deferr, campeón olímpico en portro en Sídney 2000 y Atenas 2004 y plata en suelo en Pekín 2008. Zapata entrenó en Barcelona tres años antes de mudarse definitivamente a Madrid.
La decepción de Río 2016
A los Juegos de Río 2016 llegó como opción de medalla para España después de firmar el bronce en el Mundial anterior, pero no logró ni meterse en la final. Fue undécimo. «Fui con opciones de hacer cosas grandes. No lo conseguí porque me acojoné bastante. Fue así», admitió recientemente en una entrevista con la agencia EFE.
Tras esa decepción, tuvo que pasar por el quirófano a finales de 2017 por una lesión en el tendón de Aquiles. Estuvo siete meses de baja y el regreso le costó mucho más de lo que había imaginado. Semanas, meses, durmiendo dos y tres horas por día dándole vueltas a la cabeza. El trabajo no daba sus frutos, pero con la ayuda de su entrenador y del psicólogo recondujo su carrera.
Zapata aprovechó el retraso de Tokio 2020 por la pandemia para realizarse una operación y retirar unas calcificaciones en un tobillo y el 31 de mayo tuvo a su primera hija, de nombre Olympia. Nada más acabar su ejercicio, sacó un babero con su nombre. Para ella va esta medalla, la del desquite.